4.7.16

tranquila

Mi madre a un lado del sofá, yo en el otro. Ella estira las piernas y rodea con los brazos un cojín, que es naranja y amarillo y tiene bordado un pato horrible en una de las esquinas. Un pato marrón. Yo recojo mis rodillas acurrucada en el brazo del sofá, y apoyo la espalda. Para saber, pasar. Tres años de depresión. Si yo hace veinte años hubiese sabido lo que sé, pero estoy orgullosa de mí, estoy orgullosa de mí y sabes tu abuela siempre dijo que yo era la hija fea y yo nunca supe por qué eso era algo que había que decir.

El sábado tengo la primera entrevista de trabajo de mi vida, el lunes cumplo veinte años, el lunes me aprietan los hierros del aparato. No sé qué trabajo es, una asesoría, no hace falta que tengas experiencia, Calle Gibraltar Español, ¿tú crees que tendré que teñirme, mamá? Tú no estás teñida tú eres así. You born naked and the rest is drag. No siento nervios porque parece un timo, o parece que necesitan que haga unas fotocopias y después las lleve a Hacienda o a la Seguridad Social y si no van a verme el pelo porque me van a tener de entidad en entidad cada día a quién le importa un poco de decoloración. Qué dudas del principio. Sabe usted ingles. U see.

Recuerdo que cuando era pequeña y aprendí a escribir mi nombre lo ponía en todas partes. En las solapas de los libros, creo, sobretodo. Ponía especial empeño en la g. Á g ueda. Ahí siempre me detenía porque aún no había decidido qué manera me convencía más. Y la apretaba y luego la redondeaba y a día de hoy hago la g como una q y necesito escribir mi nombre y leerlo varias veces para que el alma me vuelva al cuerpo o algo así. Áaaaagueda. Ague. Áaaaagueda. Estoy agotada de que la gente insegura desarrolle ese don para tratar de hacer inseguros a los que no lo son. Para atacar sin tener que defenderse de nada. Para justificar lo mediocres que ellos creen que son (que yo no lo pienso) con que tú lo eres más. Nadie nunca se relaja.

29.6.16

Dear Eva Hockova, I'm an Erasmus student from Spain...

Igual es que el sentido común no lo tiene igual todo el mundo. Igual es que el desierto solo es terapéutico en esa construcción emocional que yo he creado alrededor de él, dentro de él, y no sobre él, con los pies en la arena, con un viento que te revienta, un aire que de húmedo y espeso lo puedes palpar, lo puedes abrazar, y un calor que te come las venas. La autoexploración parecía mucho más satisfactoria cuando en la infancia te rozas contra las esquinas de los sofás buscando estimulación. No esto, esto de conocerse a un mismo.

26.6.16

If you need something more tell me, best regards, Helena Kapová

¿Ese culo de cerveza es de alguien? ¿Y te lo vas a beber? Bueno, perdona.

Tampoco es demasiado tarde, estoy rodeada de bolsas de basura, tengo un cuerpo que puede rodearse por exactamente siete bolsas de basura. No sé hasta qué punto espera uno que todas sus pertenencias puedan almacenarse sin problemas en siete bolsas de basura. Podría tirar tres. He dicho toda la vida que todas las personas son buenas y esto no aparece ahora como una cosa cierta.

Esto está bien. Esto está mal. Esta persona es buena. Esta persona es una puta mierda. Odio esta comida. Yo nunca haría eso. Yo siempre que puedo.

Algo al parecer ha estado causando en mí un impacto gradual durante estos años sin que yo percibiese nada, y han sido las cadenas de Facebook que te instan a salir de tu zona de confort. La zona de confort al parecer es una estrella de cinco puntas. No traces una zona de confort, no entres dentro. Mantente siempre fuera. Sal de ahí. Me pregunto cómo construyen las personas una zona de confort si están constantemente huyendo de ella. Me pregunto también, que si esta es mi zona de confort, por algo será. ¿Es malo el confort? ¿El confort no tiene intrínsecamente la cualidad de bueno? Me parece una puta locura que yo me vaya de Erasmus y que uno de los desencadenantes sean estas imágenes que tengo dentro con puestas de sol y personas mucho más felices de lo que yo lo soy.

Me voy de Erasmus como podría no hacerlo, por contarlo, por hacer algo, por que parezca que  la vida está viva y que yo no soy un ser suicida desde que fui concebida. 

Ninguna intención inicial

Hola, Ague. Qué bien, un blog, fíjate, cuánto tiempo, qué de recuerdos. El blog de contar mi vida, el blog de contarla un poquito más, el de hablar sobre movidas que leía y luego volver a las raíces y terminar de nuevo hablando de mí porque mira: costumbrista, autista y muy mía. Esto no sé bien para qué es, porque desde hace un tiempo yo ya escribía en papel para mí misma. En una libreta marrón, con un símbolo de media luna que yo le dibujé. No quiero seguir escribiendo ahí porque hay muchas mentiras y creo que cumplió su función cuando pudo hacerlo y en cualquier caso, si retomara el papel, sería en una nueva con bastante menos de angustia dentro.

Lo del blog no sé hasta qué punto es buena idea porque los borro. Y luego pienso, ojalá pudiese volver a leerlo, pero ya lo he borrado para ese momento, o he cambiado de cuenta, o algo he hecho en un impulso que ha trascendido mucho más que mis sentimientos reales. Si sé que tiende a ser un error por qué lo vuelvo a hacer. No lo sé. Muchas cosas han pasado así en este año. Muchas cosas suceden así de esa manera estúpida que yo no controlo, ni quiero ni es esto ninguna declaración de nada.

Qué es al final. Llevar un registro, ¿funciona así? Llevar un registro de qué cosas he visto, por qué las he visto y si yo quería verlas. Algo así, no sé si motivada por esta cosa que voy a hacer que se llama Erasmus. No sé si muy motivada, en general.

Bueno, hola, igual me sale algo.

21.11.15

He ido al bingo

Flípatelo. Once y media de la noche, voy del brazo con mi prima Sara, acabamos de salir de un restaurante chino. La salsa agridulce salía tan espesa del bote que dejábamos la mano muy quieta sobre el plato, sosteniéndolo, como esperando a que la vida te de una pepita de verdad pura y, dos minutos más tarde, solo te daba un churrete de gelatina casi marrón contra tu rollito de primavera. Vamos andando abrazadas porque hace mucho frío (ya os he hablado de mi frío). Bromeamos con lo del bingo. Lo eterno del bingo. Estamos en el recibidor del Bingo Reyes Católicos enseñando los carnet de identidad. Todo es dorado, azul y rojo. No sigo en el chino. Es como una eterna decoración de Navidad. Nada me gusta como la Navidad, me he comprado un jersey lleno de cascabeles con un árbol bordado que aún no he enseñado a nadie. Qué hacemos aquí, ¿de verdad tenéis más de dieciocho años? ¡Los tengo todos! Llevaba un mes pidiéndole a la vida que la vida fuese una broma y en ese momento me alegro muchísimo de que no me haya hecho caso, todo es real. Podemos pasar.

Abrimos la puerta y todo es de un azul ALSA que te envuelve en toda la convicción de que esos dos euros cada cartón merecen la pena si pueden volverlo todo un poco más cálido. Correteamos hacia unos asientos libres porque no comprendemos nada. Hay un viejecito a mi lado, y le pido que me explique todo, cómo he llegado ahí, qué va a hacer la vida conmigo a partir de ahora, cuánto dinero al mes se deja usted aquí. Ese señor quema la pensión ahí, es muy loco. En el centro de la mesa hay una pantalla que enseña los números y una voz robótica anuncia los números por unos altavoces a una velocidad desprovista de legalidad. No hay ninguna señora a la que yo pueda decirle que vaya más despacio. Toda la tercera edad controla cuatro cartones a la vez y yo estoy perdidísima en el mío. Una señora canta línea. Estoy en el futuro. Estoy en el futuro, os lo quiero jurar, qué hacemos ahí, es una puerta a la irrealidad de la jubilación, los taxistas y los divorciados. Os tengo que contar una cosa. Canto línea cuando no toca. Levanto los brazos, grito mi línea, me muero de felicidad. Qué coño haces, me dice la camarera. Resulta que la línea solo se canta una vez y ya se ha cantado, mi línea está completa, lista y preparada para ganar y no la quiere nadie. Me destrozan la vida. Robo un carioca azul de los de tachar. Esto me lo debéis.