21.11.15

He ido al bingo

Flípatelo. Once y media de la noche, voy del brazo con mi prima Sara, acabamos de salir de un restaurante chino. La salsa agridulce salía tan espesa del bote que dejábamos la mano muy quieta sobre el plato, sosteniéndolo, como esperando a que la vida te de una pepita de verdad pura y, dos minutos más tarde, solo te daba un churrete de gelatina casi marrón contra tu rollito de primavera. Vamos andando abrazadas porque hace mucho frío (ya os he hablado de mi frío). Bromeamos con lo del bingo. Lo eterno del bingo. Estamos en el recibidor del Bingo Reyes Católicos enseñando los carnet de identidad. Todo es dorado, azul y rojo. No sigo en el chino. Es como una eterna decoración de Navidad. Nada me gusta como la Navidad, me he comprado un jersey lleno de cascabeles con un árbol bordado que aún no he enseñado a nadie. Qué hacemos aquí, ¿de verdad tenéis más de dieciocho años? ¡Los tengo todos! Llevaba un mes pidiéndole a la vida que la vida fuese una broma y en ese momento me alegro muchísimo de que no me haya hecho caso, todo es real. Podemos pasar.

Abrimos la puerta y todo es de un azul ALSA que te envuelve en toda la convicción de que esos dos euros cada cartón merecen la pena si pueden volverlo todo un poco más cálido. Correteamos hacia unos asientos libres porque no comprendemos nada. Hay un viejecito a mi lado, y le pido que me explique todo, cómo he llegado ahí, qué va a hacer la vida conmigo a partir de ahora, cuánto dinero al mes se deja usted aquí. Ese señor quema la pensión ahí, es muy loco. En el centro de la mesa hay una pantalla que enseña los números y una voz robótica anuncia los números por unos altavoces a una velocidad desprovista de legalidad. No hay ninguna señora a la que yo pueda decirle que vaya más despacio. Toda la tercera edad controla cuatro cartones a la vez y yo estoy perdidísima en el mío. Una señora canta línea. Estoy en el futuro. Estoy en el futuro, os lo quiero jurar, qué hacemos ahí, es una puerta a la irrealidad de la jubilación, los taxistas y los divorciados. Os tengo que contar una cosa. Canto línea cuando no toca. Levanto los brazos, grito mi línea, me muero de felicidad. Qué coño haces, me dice la camarera. Resulta que la línea solo se canta una vez y ya se ha cantado, mi línea está completa, lista y preparada para ganar y no la quiere nadie. Me destrozan la vida. Robo un carioca azul de los de tachar. Esto me lo debéis.

6 comentarios :

  1. El otro día le dije a NeoJín que yo tengo que jugar al bingo alguna vez en la vida, pero creo que él no quiere así es que a ver a quién engaño para ir. Tenía que haber ido al Bingo Las Vegas cuando Alberto Isla todavía trabajaba ahí, maldita sea...

    PROSTATA: Escribes muy bonito, no sé si lo sabes.

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    1. No sé si aún vives en Albacete o dónde pero el día que coincidamos en ciudad MOLARÍA ir juntas UNA BARBARIDAD QUE FLIPAS.

      No lo sé pero me gusta que lo digas :v

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    2. Voy a Albacete cuando puedo (que últimamente es poco) pero ahora vivo en Alicante, así es que si pasas ya sabes. Además tengo ya aquí en Alicante fichado un bingo. Lo que sí que molaría es ir a uno que hay en Albacete que está cerca de mi casa. Es un edificio viejo y grande sin una sola ventana, puro misterio. Alguna vez he atisbado durante el día mientras que lo limpian, entre las puertas medio entornadas de la parte de detrás, cómo es por dentro. Suelos encerados y terciopelo por todos lados. Casposísimo todo, ¡necesito entrar!

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    3. Tía, suena a cuento de Lovecraft, pf ojalá sea de los que tienen el bombo que gira y una señora muy mayor dice los números en voz alta. Hay que encontrarlo. De Alicante solo he visto el puerto porque mi autobús de Almería pasa por allí, y ME FLIPA, tiene un CASINO y un BARCO PIRATA, en el mismo lugar. Es como perfecto. Pero Alicante me pilla muy cerquita de Valencia y seguro que me paso este año ♥

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  2. El otro día le dije a conejito zombie que yo tengo que jugar al bingo alguna vez en la vida, pero creo que ella no quiere así es que a ver a quién engaño para ir. Tenía que haber ido al Bingo Las Vergas cuando Alberto Isla todavía trabajaba ahí, maldita sea...

    PROSTATA: Escribes muy bonito, yo sé que lo sabes.

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    1. JAJAJAJAJ os estáis haciendo chistes pero ya en serio, ¿te imaginas a Alberto Isla repartiéndote los cartones? Me quedaría súper quieta.

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